sábado, 22 de febrero de 2014
jueves, 20 de febrero de 2014
miércoles, 19 de febrero de 2014
- Aragua de Ayer
Germán Fleitas Núñez: ¿Cuál es la verdadera patrona de La Victoria?
Lunes, 12 agosto 2013
Por Editor elclarin
Fuente Germán
Fleitas Núñez Cronista de La Victoria |
1) En un lejano país situado entre El Peloponeso y
Epiro (en la actual Grecia) se produjo una de las batallas navales más decisivas
de la historia de la humanidad. Ocurrió el 7 de octubre de 1571, hace 442 años,
en un golfo llamado Lepanto y en ella se enfrentaron la armada del Imperio
Otomano y la Liga Santa que era una coalición cristiana formada por España, los
Estados Pontificios, la República de Venecia, la Orden de Malta, la República de
Génova y el Ducado de Saboya. Se enfrentaron 400 buques cristianos contra 400
buques turcos en el golfo de Lepanto. Los cristianos vencieron y solo se
salvaron 30 galeras turcas.
1) En un lejano país situado entre El Peloponeso y
Epiro (en la actual Grecia) se produjo una de las batallas navales más decisivas
de la historia de la humanidad. Ocurrió el 7 de octubre de 1571, hace 442 años,
en un golfo llamado Lepanto y en ella se enfrentaron la armada del Imperio
Otomano y la Liga Santa que era una coalición cristiana formada por España, los
Estados Pontificios, la República de Venecia, la Orden de Malta, la República de
Génova y el Ducado de Saboya. Se enfrentaron 400 buques cristianos contra 400
buques turcos en el golfo de Lepanto. Los cristianos vencieron y solo se
salvaron 30 galeras turcas.
Con el triunfo cristiano se frenó
el expansionismo turco por el Mediterráneo Occidental. Entre los soldados
españoles estaba Miguel de Cervantes Saavedra quien recibió una herida que le
inmovilizó la mano siendo llamado desde entonces “El Manco de Lepanto”. El gran
estratega que armó la coalición fue el Papa Pio V, pero las tropas cristianas
iban comandadas por don Juan de Austria hijo del Rey Carlos Quinto y hermano
natural de Felipe II y los turcos por Alí Bajá señor de Argel y gran marinero a
las órdenes del sultán Selim II. Han corrido desde entonces dos leyendas: una
dice que el Papa le ordenó a todas las iglesias de Roma que rezaran el Santo
Rosario para que la Virgen cuya fiesta se celebraba el 7 de octubre protegiera a
las tropas cristianas y él mismo lo ofició en la Basílica de Santa María La
Mayor; la otra dice que en la noche previa al combate, la Virgen se apareció en
el cielo y le señaló a don Juan de Austria el lugar donde estaban escondidos los
turcos, lo cual facilitó la sorpresa con el consiguiente triunfo.
Según nos explicaba el poeta
Miguel Ángel Álvarez Mudarra primer cronista de La Victoria, el Papa le dio a la
Virgen del Rosario el título Nuestra Señora de La Victoria de Lepanto y el Rey
Felipe II ordenó a los ejércitos que estaban en América que a los pueblos que
fundaran en esos años les pusieran el nombre de Nuestra Señora de La Victoria,
lo cual explica que en todos los países americanos haya una o más ciudades
llamadas “La Victoria”. Sin atornillarnos con ninguna teoría fundacional
señalaré que desde los primeros días a nuestra ciudad se la llamó Pueblo de
Nuestra Señora de La Victoria y fue la Virgen del Santo Rosario epónima del
pueblo (va una).
2) El 18 de noviembre de 1620 el padre Gabriel de
Mendoza erige la iglesia de La Victoria (cumplirá cuatro siglos dentro de siete
años); se dice que “erigió y fundó “otra” iglesia con la advocación y nombre de
Señora Santa Inés y en el pueblo fundado de Nuestra Señora de La Victoria”, de
lo cual podría deducirse que la patrona pasó a ser Santa Inés a quien se dedicó
la iglesia. Hasta bien entrado el siglo XX las niñas “Inesitas” que al crecer se
convertían en “Inesianas”. Conformaban su Cofradía y hasta cantaban el “Himno a
Santa Inés”. (Ver interesante trabajo de la Profesora Gisela Pastori sobre las
Cofradías Victorianas) y van dos.
3) Cuando en la octava década del siglo XVIII el
gran Obispo Mariano Martí visita la ciudad encuentra un cuadro de la Virgen de
Guadalupe de Extremadura, obra que se atribuyó a los pintores españoles Zurbarán
y Murillo. La obra pertenece al grupo de las vírgenes negras o morenas de la
península entre las cuales también está La Macarena que en árabe quiere decir
“cara morena”. Además de Patrona de Extremadura, lo es de las Españas y de la
Hispanidad. Atendiendo a nuestra invitación visitó La Victoria el eminente
historiador Carlos Federico Duarte máxima autoridad en historia de las artes en
Venezuela y se pronunció en principio y hasta mejor estudio, por el nombre de
Juan Pedro López abuelo materno de don Andrés Bello.
Ya desde principios del siglo el pueblo se
llamaba Pueblo de Nuestra Señora de Guadalupe de La Victoria (así aparece en las
actas del cabildo de indios). Posteriormente cuando el Rey Carlos IV revisa la
solicitud hecha por los vecinos españoles de La Victoria quienes le piden que en
vista de que tienen más de trescientas casas de rafas y tapia, dos cuarteles
para cinco compañías, casa real y cárcel real, estudios de latinidad, una
población suntuosa rica y benéfica, donde se dividían todos los caminos, calles
alineadas y más de 40 trapiches e ingenios, la eleve a la categoría de Villa, la
real majestad se pronuncia el 5 de septiembre de 1795 en San Ildefonso mediante
una Real Cédula. El nombre propuesto y obviamente aceptado es el de Villa de
Nuestra Señora de Guadalupe de La Victoria (van tres).
Por último, el 22 de enero de 1814 se comunica
que El Libertador ha elevado al rango de ciudad a La Victoria y se somete a la
aprobación del Cabildo de Caracas, corporación que debe decidir. Antes de
cumplirse un mes de esta decisión se produce la Segunda Batalla de La Victoria
cuyo triunfo atribuye el general Ribas a la intercesión de la Inmaculada
Concepción (La Virgen Vencedora), lo que hizo creer a muchos -aun hoy en día- y
durante mucho tiempo, que esta sagrada imagen fuera la patrona de la ciudad (van
cuatro).
Para nosotros los victorianos de la actual
generación no hay duda de que la Patrona es La Guadalupe, pero ¿cuál? Porque que
en el siglo XIX la Primera Dama de la República doña Josefa de la Concepción
Báez Reverón de Rojas Paúl encargó a España una Virgen de Guadalupe para
regalársela a la iglesia de su ciudad natal; pero al mismo tiempo de Nirgua se
había encargado otra imagen y llegaron por tren una grande y otra pequeña. Nadie
tuvo dudas de que la grande era para La Victoria y la pequeña para Nirgua. Al
tiempo cuando se descubrió el cambio ya nada hubo que hacer porque la feligresía
de nuestra ciudad adoraba a su patrona y la de Nirgua, a la suya. Y aquí se
produce un cambio porque la Guadalupe original que era la de Extremadura es una
pintura pero la que nos llega luego es una imagen “de bulto” o sea, una
escultura (van cinco). Y como para terminarla de amolar, la Guadalupe que nos
llega es la mejicana, la de los “cuates”, la madrecita o la “patroncita” de
Méjico y de América. Tenemos un Vice Patrono escogido por papelitos.
A mediados del siglo XVIII los pardos de La
Victoria se alistaban para ir a Puerto Cabello a defender el territorio de
piratas ingleses que lo atacarían pero consideraron que era necesario contar con
un apoyo celestial y decidieron designar a un patrono escogido por la suerte.
Metieron en una caja papelitos con todos los nombres del santoral cristiano y
una mano inocente sacó el que decía “San Nicolás de Tolentino”. Fue aprobado por
la iglesia y se le tuvo por Vicepatrono de la ciudad. Tuvo cofradía
importante.
Pero queda por dilucidar otro asunto que es: ¿de
dónde es Patrona la Guadalupe? Es fácil responder que “de la ciudad” ó “de La
Victoria”; pero ¿de cuál ciudad ó de cuál Victoria? Ello porque en un principio
la ciudad tenía una sola parroquia y al ser la patrona “de la única parroquia”
lo era de toda la ciudad, pero al surgir otra parroquia (que fue la de
Candelaria en la Otra Banda en el siglo XIX), ya la Patrona del centro no lo era
del sur de la ciudad sino solamente de la Parroquia de Guadalupe, lo que ahora
se llama “el centro” o Parroquia Juan Vicente Bolívar. Pero resulta que han
surgido nuevas parroquias (La del Carmen en la antigua Sabana de Lele, la de San
José en La Mora, la de Las Mercedes), entonces surgen dos preguntas: 1) De dónde
es Santa Patrona la Virgen de Guadalupe? y 2) Cuál es la Santa Patrona de toda
La Victoria?
A lo anterior se suma que tal como se lo hemos
propuesto a los ilustres Obispos que nos distinguieron con su amistad, José Alí
Lebrún Moratinos (antes de ser Cardenal), Feliciano González Ascanio, Luís
Eduardo Enríquez, José Vicente Henríquez Andueza y Reynaldo Del Prette Lissot
(antes de ser Arzobispo), debe crearse la Parroquia de El Calvario que tendrá
como Patrón al Santo Cristo Aparecido y sería la más populosa y extensa de la
ciudad porque llega hasta Pie del Cerro.
Por supuesto que habiendo sido la única desde el
principio del pueblo hasta fines del siglo XIX cuando surge La Candelaria, el
acervo histórico que acumula nuestra Catedral es de la mayor importancia no solo
dentro de la ciudad sino dentro de Venezuela entera. Ha sido el centro
espiritual, en su pila bautismal se cristianaron muchos héroes militares y
civiles de la patria, y ha sido el refugio del pueblo creyente durante cuatro
siglos y medio. Cuartel, caballeriza, escondite, templo, guarida, confesionario,
Monumento Arquitectónico y desde el 2 de Agosto de 1962, según Gaceta Oficial N°
26.320, Monumento Histórico Nacional. Nuestra iglesia ha sido de todo y un fiel
reflejo de la vida espiritual, cívica, económica, política y hasta militar del
país. Basta con recordar su presencia en las guerras o en la paz. En 2005 fue el
bicentenario del nuevo templo (pasó por debajo de la mesa). El próximo 2014 es
el bicentenario de la batalla y parte importante de su recordación deberá
concentrarse en el templo al que tanta importancia le concedió el general
Ribas.
Estamos benditos por Dios porque en lugar de una
Santa Patrona tenemos por lo menos cinco, pero para entonces será oportuno
respondernos a dos preguntas: 1) ¿De dónde es Santa Patrona la Virgen de
Guadalupe? y 2) ¿Cuál es la Santa Patrona de La Victoria? Y hay más: ¿cuándo es
nuestra fiesta patronal? Sin duda que el 12 de diciembre que es el día de la
Guadalupe, pero la fiesta principal de la ciudad no es religiosa sino
patriótica, el 12 de febrero. Si fuera Santa Inés sería el 21 de enero, si
Nuestra Señora de La Victoria el 7 de octubre, si La Guadalupe de Extremadura el
6 de septiembre y si la Inmaculada Concepción el 8 de diciembre. ¿Entonces? Como
se ve, tenemos más preguntas que respuestas. Sería interesante escuchar la
opinión de la iglesia y de la feligresía.
BICENTENARIO DE LA BATALLA DE LA VICTORIA
- Aragua de Ayer
Germán Fleitas Núñez: ¿Cuál es la verdadera patrona de La Victoria?
Lunes, 12 agosto 2013
Por Editor elclarin
Fuente Germán
Fleitas Núñez Cronista de La Victoria |
1) En un lejano país situado entre El Peloponeso y
Epiro (en la actual Grecia) se produjo una de las batallas navales más decisivas
de la historia de la humanidad. Ocurrió el 7 de octubre de 1571, hace 442 años,
en un golfo llamado Lepanto y en ella se enfrentaron la armada del Imperio
Otomano y la Liga Santa que era una coalición cristiana formada por España, los
Estados Pontificios, la República de Venecia, la Orden de Malta, la República de
Génova y el Ducado de Saboya. Se enfrentaron 400 buques cristianos contra 400
buques turcos en el golfo de Lepanto. Los cristianos vencieron y solo se
salvaron 30 galeras turcas.
1) En un lejano país situado entre El Peloponeso y
Epiro (en la actual Grecia) se produjo una de las batallas navales más decisivas
de la historia de la humanidad. Ocurrió el 7 de octubre de 1571, hace 442 años,
en un golfo llamado Lepanto y en ella se enfrentaron la armada del Imperio
Otomano y la Liga Santa que era una coalición cristiana formada por España, los
Estados Pontificios, la República de Venecia, la Orden de Malta, la República de
Génova y el Ducado de Saboya. Se enfrentaron 400 buques cristianos contra 400
buques turcos en el golfo de Lepanto. Los cristianos vencieron y solo se
salvaron 30 galeras turcas.
Con el triunfo cristiano se frenó
el expansionismo turco por el Mediterráneo Occidental. Entre los soldados
españoles estaba Miguel de Cervantes Saavedra quien recibió una herida que le
inmovilizó la mano siendo llamado desde entonces “El Manco de Lepanto”. El gran
estratega que armó la coalición fue el Papa Pio V, pero las tropas cristianas
iban comandadas por don Juan de Austria hijo del Rey Carlos Quinto y hermano
natural de Felipe II y los turcos por Alí Bajá señor de Argel y gran marinero a
las órdenes del sultán Selim II. Han corrido desde entonces dos leyendas: una
dice que el Papa le ordenó a todas las iglesias de Roma que rezaran el Santo
Rosario para que la Virgen cuya fiesta se celebraba el 7 de octubre protegiera a
las tropas cristianas y él mismo lo ofició en la Basílica de Santa María La
Mayor; la otra dice que en la noche previa al combate, la Virgen se apareció en
el cielo y le señaló a don Juan de Austria el lugar donde estaban escondidos los
turcos, lo cual facilitó la sorpresa con el consiguiente triunfo.
Según nos explicaba el poeta
Miguel Ángel Álvarez Mudarra primer cronista de La Victoria, el Papa le dio a la
Virgen del Rosario el título Nuestra Señora de La Victoria de Lepanto y el Rey
Felipe II ordenó a los ejércitos que estaban en América que a los pueblos que
fundaran en esos años les pusieran el nombre de Nuestra Señora de La Victoria,
lo cual explica que en todos los países americanos haya una o más ciudades
llamadas “La Victoria”. Sin atornillarnos con ninguna teoría fundacional
señalaré que desde los primeros días a nuestra ciudad se la llamó Pueblo de
Nuestra Señora de La Victoria y fue la Virgen del Santo Rosario epónima del
pueblo (va una).
2) El 18 de noviembre de 1620 el padre Gabriel de
Mendoza erige la iglesia de La Victoria (cumplirá cuatro siglos dentro de siete
años); se dice que “erigió y fundó “otra” iglesia con la advocación y nombre de
Señora Santa Inés y en el pueblo fundado de Nuestra Señora de La Victoria”, de
lo cual podría deducirse que la patrona pasó a ser Santa Inés a quien se dedicó
la iglesia. Hasta bien entrado el siglo XX las niñas “Inesitas” que al crecer se
convertían en “Inesianas”. Conformaban su Cofradía y hasta cantaban el “Himno a
Santa Inés”. (Ver interesante trabajo de la Profesora Gisela Pastori sobre las
Cofradías Victorianas) y van dos.
3) Cuando en la octava década del siglo XVIII el
gran Obispo Mariano Martí visita la ciudad encuentra un cuadro de la Virgen de
Guadalupe de Extremadura, obra que se atribuyó a los pintores españoles Zurbarán
y Murillo. La obra pertenece al grupo de las vírgenes negras o morenas de la
península entre las cuales también está La Macarena que en árabe quiere decir
“cara morena”. Además de Patrona de Extremadura, lo es de las Españas y de la
Hispanidad. Atendiendo a nuestra invitación visitó La Victoria el eminente
historiador Carlos Federico Duarte máxima autoridad en historia de las artes en
Venezuela y se pronunció en principio y hasta mejor estudio, por el nombre de
Juan Pedro López abuelo materno de don Andrés Bello.
Ya desde principios del siglo el pueblo se
llamaba Pueblo de Nuestra Señora de Guadalupe de La Victoria (así aparece en las
actas del cabildo de indios). Posteriormente cuando el Rey Carlos IV revisa la
solicitud hecha por los vecinos españoles de La Victoria quienes le piden que en
vista de que tienen más de trescientas casas de rafas y tapia, dos cuarteles
para cinco compañías, casa real y cárcel real, estudios de latinidad, una
población suntuosa rica y benéfica, donde se dividían todos los caminos, calles
alineadas y más de 40 trapiches e ingenios, la eleve a la categoría de Villa, la
real majestad se pronuncia el 5 de septiembre de 1795 en San Ildefonso mediante
una Real Cédula. El nombre propuesto y obviamente aceptado es el de Villa de
Nuestra Señora de Guadalupe de La Victoria (van tres).
Por último, el 22 de enero de 1814 se comunica
que El Libertador ha elevado al rango de ciudad a La Victoria y se somete a la
aprobación del Cabildo de Caracas, corporación que debe decidir. Antes de
cumplirse un mes de esta decisión se produce la Segunda Batalla de La Victoria
cuyo triunfo atribuye el general Ribas a la intercesión de la Inmaculada
Concepción (La Virgen Vencedora), lo que hizo creer a muchos -aun hoy en día- y
durante mucho tiempo, que esta sagrada imagen fuera la patrona de la ciudad (van
cuatro).
Para nosotros los victorianos de la actual
generación no hay duda de que la Patrona es La Guadalupe, pero ¿cuál? Porque que
en el siglo XIX la Primera Dama de la República doña Josefa de la Concepción
Báez Reverón de Rojas Paúl encargó a España una Virgen de Guadalupe para
regalársela a la iglesia de su ciudad natal; pero al mismo tiempo de Nirgua se
había encargado otra imagen y llegaron por tren una grande y otra pequeña. Nadie
tuvo dudas de que la grande era para La Victoria y la pequeña para Nirgua. Al
tiempo cuando se descubrió el cambio ya nada hubo que hacer porque la feligresía
de nuestra ciudad adoraba a su patrona y la de Nirgua, a la suya. Y aquí se
produce un cambio porque la Guadalupe original que era la de Extremadura es una
pintura pero la que nos llega luego es una imagen “de bulto” o sea, una
escultura (van cinco). Y como para terminarla de amolar, la Guadalupe que nos
llega es la mejicana, la de los “cuates”, la madrecita o la “patroncita” de
Méjico y de América. Tenemos un Vice Patrono escogido por papelitos.
A mediados del siglo XVIII los pardos de La
Victoria se alistaban para ir a Puerto Cabello a defender el territorio de
piratas ingleses que lo atacarían pero consideraron que era necesario contar con
un apoyo celestial y decidieron designar a un patrono escogido por la suerte.
Metieron en una caja papelitos con todos los nombres del santoral cristiano y
una mano inocente sacó el que decía “San Nicolás de Tolentino”. Fue aprobado por
la iglesia y se le tuvo por Vicepatrono de la ciudad. Tuvo cofradía
importante.
Pero queda por dilucidar otro asunto que es: ¿de
dónde es Patrona la Guadalupe? Es fácil responder que “de la ciudad” ó “de La
Victoria”; pero ¿de cuál ciudad ó de cuál Victoria? Ello porque en un principio
la ciudad tenía una sola parroquia y al ser la patrona “de la única parroquia”
lo era de toda la ciudad, pero al surgir otra parroquia (que fue la de
Candelaria en la Otra Banda en el siglo XIX), ya la Patrona del centro no lo era
del sur de la ciudad sino solamente de la Parroquia de Guadalupe, lo que ahora
se llama “el centro” o Parroquia Juan Vicente Bolívar. Pero resulta que han
surgido nuevas parroquias (La del Carmen en la antigua Sabana de Lele, la de San
José en La Mora, la de Las Mercedes), entonces surgen dos preguntas: 1) De dónde
es Santa Patrona la Virgen de Guadalupe? y 2) Cuál es la Santa Patrona de toda
La Victoria?
A lo anterior se suma que tal como se lo hemos
propuesto a los ilustres Obispos que nos distinguieron con su amistad, José Alí
Lebrún Moratinos (antes de ser Cardenal), Feliciano González Ascanio, Luís
Eduardo Enríquez, José Vicente Henríquez Andueza y Reynaldo Del Prette Lissot
(antes de ser Arzobispo), debe crearse la Parroquia de El Calvario que tendrá
como Patrón al Santo Cristo Aparecido y sería la más populosa y extensa de la
ciudad porque llega hasta Pie del Cerro.
Por supuesto que habiendo sido la única desde el
principio del pueblo hasta fines del siglo XIX cuando surge La Candelaria, el
acervo histórico que acumula nuestra Catedral es de la mayor importancia no solo
dentro de la ciudad sino dentro de Venezuela entera. Ha sido el centro
espiritual, en su pila bautismal se cristianaron muchos héroes militares y
civiles de la patria, y ha sido el refugio del pueblo creyente durante cuatro
siglos y medio. Cuartel, caballeriza, escondite, templo, guarida, confesionario,
Monumento Arquitectónico y desde el 2 de Agosto de 1962, según Gaceta Oficial N°
26.320, Monumento Histórico Nacional. Nuestra iglesia ha sido de todo y un fiel
reflejo de la vida espiritual, cívica, económica, política y hasta militar del
país. Basta con recordar su presencia en las guerras o en la paz. En 2005 fue el
bicentenario del nuevo templo (pasó por debajo de la mesa). El próximo 2014 es
el bicentenario de la batalla y parte importante de su recordación deberá
concentrarse en el templo al que tanta importancia le concedió el general
Ribas.
Estamos benditos por Dios porque en lugar de una
Santa Patrona tenemos por lo menos cinco, pero para entonces será oportuno
respondernos a dos preguntas: 1) ¿De dónde es Santa Patrona la Virgen de
Guadalupe? y 2) ¿Cuál es la Santa Patrona de La Victoria? Y hay más: ¿cuándo es
nuestra fiesta patronal? Sin duda que el 12 de diciembre que es el día de la
Guadalupe, pero la fiesta principal de la ciudad no es religiosa sino
patriótica, el 12 de febrero. Si fuera Santa Inés sería el 21 de enero, si
Nuestra Señora de La Victoria el 7 de octubre, si La Guadalupe de Extremadura el
6 de septiembre y si la Inmaculada Concepción el 8 de diciembre. ¿Entonces? Como
se ve, tenemos más preguntas que respuestas. Sería interesante escuchar la
opinión de la iglesia y de la feligresía.
viernes, 14 de febrero de 2014
EN EL BICENTENARIO DE LA BATALLA DE LA VICTORIA
HOMENAJE DE GUARICO A LOS HEROES DE LA VICTORIA EN ARAGUA
Especial Bicentenario La Batalla de Pantanero y la Libertad…pero no tanto
Especial Bicentenario
La Batalla de Pantanero y la Libertad…pero no tanto
Miércoles, 12 febrero 2014
Por Editor Redacción - El Clarín
Fuente Germán Fleitas Nuñez | En La Victoria siempre se
pelea dos veces y hasta más. En 1812, después de su derrota, Monteverde reataca
para ser derrotado nuevamente. Igual pasa en 1814. El 13 de febrero Boves
reataca por Pantanero, la entrada sur del pueblo, en busca de una nueva derrota.
Vicente Campoelías y José Jugo comandan cuerpos de
infantería y caballería respectivamente. El contacto se produce al amanecer del
domingo en el cerro y en el camino que conduce a Zuata. Esta vez la derrota es
más rápida y en su huida, los enemigos dejan armamento, artillería, municiones,
equipaje, madrinas de caballos y ganado en pie.
Las fuerzas patriotas pierden a un Capitán del Batallón de
Valerosos Cazadores; a quien la muerte había respetado por mucho tiempo. Al de
cien batallas que en Araure con ochenta soldados tiene la osadía de atacar al
ejército combinado de Yáñez y Ceballos, compuesto de tres mil hombres. Era
tocuyano y se llamaba RUDESINDO CANELON.
Libertad si…pero no tanta
Ribas era un revolucionario. Comprendió desde un principio que
no bastaba con la independencia sino que hacía falta además una revolución.
Pertenecía a la alta aristocracia terrateniente pero eso no le impidió
presentarse el 19 de abril como representante… de los pardos. Usaba un gorro
frigio, símbolo de los revolucionarios más radicales. En los albores de la
Primera República encabeza una rebelión de negros y esclavos y luego se encarga
de dirigir manifestaciones populares que provocan su expulsión del país. Lucha
desde un comienzo por la abolición de la esclavitud y en esto se adelanta al
propio Libertador. Su actitud antiesclavista fue rechazada por muchos
“revolucionarios” de su época. No hay que olvidar que algunos de los
libertadores seguían teniendo esclavos hasta 33 años después de la Batalla de
Carabobo y 44 años después del 19 de abril.
Consciente de que había que incorporar a las grandes masas
populares a la lucha, Ribas solicita que el ejército de estudiantes,
seminaristas y soldados que lleva a La Victoria, sea reforzado con trescientos
esclavos de los que se encuentran en Caracas.
Así lo solicita al Cabildo. El catorce de febrero, cuando
todavía no se han apagado los fuegos en nuestra ciudad, el ayuntamiento
resuelve negar la solicitud en los siguientes términos:
“La municipalidad ha meditado sobre el proyecto que propuso
el señor gobernador militar de remitir a reforzar nuestro ejército de La
Victoria el número de trescientos esclavos de los que se hallan en esta
capital, y ha recordado dos razones poderosas que impiden se lleve al cabo esta
medida.
Uno de nuestros comandantes del llano para contrarrestar al
mismo bandolero Boves, que con esclavos alhajados con el cebo de la libertad
había aumentado su pandilla, se resolvió a usar de algunos esclavos
convidándolos a que se incorporaran en nuestro ejército bajo la promesa de la
libertad.
Esta determinación, de que posteriormente dio parte el
comandante a su excelencia el Libertador, fue absolutamente desaprobada por
este supremo jefe. Creemos, pues, que aún no haya variado de este modo de
pensar y que del mismo esté el señor comandante general que manda el ejército
de La Victoria, pues si no fuese así habrían ya aquellos jefes usado de los
esclavos que hay en el partido de Valencia y de los que hubiesen podido de los
valles de Aragua.
No sabemos que hasta ahora se haya tocado esta medida, la
cual tiene también otros varios inconvenientes como es el de que los demás
esclavos, acaso creyendo que sus compañeros que marchen al ejército van a
obtener su libertad, aspiren a esto mismo y de aquí resulte se disgusten y
piensen en ir a buscar el ofrecimiento casa del enemigo. Estos fundamentos nos
obligan a decir a vuestra señoría que conviene más echar mano de todos los
hombres libres que todavía no faltan en esta capital y sus pueblos inmediatos,
absteniéndonos por ahora de adoptar la medida expresada, en el concepto de que
este cuerpo, es decir, todos sus individuos se ofrecen al gobierno para salir
al ejército siempre que se estime necesario. Vuestra señoría hará de estas
observaciones el uso que crea conveniente a la salvación de la patria, que es
el principal y único interéz de esta corporación. Dios, etcétera. Caracas,
catorce de febrero de mil ochocientos catorse”.
Prefirieron los ilustres cabildantes ofrecerse como soldados
antes que correr el riesgo de enviar a los esclavos. Pensarían que buena es la
libertad…, pero no tanta.
Especial Bicentenario La Victoria en 1814
Especial Bicentenario
La Victoria en 1814
Miércoles, 12 febrero 2014
Por Editor Redacción - El Clarín
Fuente Germán Fleitas Nuñez | La Victoria colonial vivió su
época de mayor esplendor en las últimas décadas del siglo XVIII. Tenía para
entonces doscientos años. Rodeada de abundantes “pastos y potreros” donde se
criaba ganado de todas clases, copiosas cosechas de todos los frutos, “más de
cuarenta trapiches e ingenios”, producía añiles, cacao y algodón. Estaba regada
por los ríos Calanche y Aragua los cuales bordeaban sementeras de caña dulce,
trigo, huertas y vegas sin advertirse en sus confines “planta alguna ponzoñosa
ni nociva.”
Era sede de las Milicias de Aragua, contaba con más de
trescientas casas de españoles fabricadas con “rajas de cal y canto cubiertas
de texa”, además de muchas otras construidas de “bajareque cubiertas de paxa”;
calles bien alineadas de diez varas de ancho permitiendo el establecimiento de
doce a quince mil vecinos. Tenía escuela de “latinidad y elocuencia,” y era de
“aires muy benignos por lo que lograban ambos sexos una dilatada vida.”
Durante este período experimenta la primera transformación
urbana importante desde su fundación. Un grupo de vecinos notables entre
quienes se destacaron Joseph Ygnacio de Ustáriz, dueño de la Hacienda “La
Concepción”, (Padre del Prócer Francisco Javier Ustáriz); El Capitán Gabriel
Montero y Don Ramón García de Sena y Rodríguez, (Padre del Prócer Ramón García
de Sena), propone y obtiene una serie de progresos algunos de los cuales son
los siguientes: La Fundación del nuevo Pueblo de Nuestra Señora del Buen
Consejo del Mamón (El Consejo) en 1777; La construcción en 1796 de una Capilla
al norte del poblado, en el sitio llamado El Calvario, ubicado en el Barrio
Arriba; la construcción de una nueva Iglesia dedicada a Nuestra Señora de La
Candelaria en el sido denominado La Otra Banda en 1791; la construcción de un
nuevo edificio para la casi bicentenaria Iglesia Parroquial al frente de la
Plaza Mayor y la mudanza del Cementerio a las afueras del pueblo en el sitio
llamado La Hoyada.
Pero la acción más relevante que emprenden es la de
solicitar del Rey Carlos IV de España la elevación del pueblo a la categoría de
Villa. Luego de un largo proceso durante el cual se examinan las circunstancias
de progreso y prosperidad que ha alcanzado el que fuera simple pueblo de indios
a finales del XVIII, el 6 de octubre de 1794 y el 5 de septiembre de 1795 se
pronuncian la Contaduría General de Madrid y El Rey, respectivamente y se le
acuerda el nombre de Villa de Nuestra Señora de Guadalupe de La Victoria con el
derecho de usar “Escudo de Armas”, “Divisa”
y formar su propio Ayuntamiento.
Por esos tiempos el Obispo Mariano Martí le ha censado 5.310
almas y al comenzar 1800 el Barón de Humboldt le calcula 7.000 habitantes.
Tiene para entonces hermosos edificios, una iglesia embellecida con columnas de
orden dórico aún sin terminar (la actual
Catedral de La Victoria se inauguró el 25 de julio de 1805); y todos los
recursos de la industria comercial. Producían entonces entre La Victoria y San
Mateo 4.000 quintales de trigo. Tenía la Villa en proporción más blancos que
Caracas; y La Otra Banda era «la parte más comercial». La población que para
1810 es de 7.100 habitantes, será para 1816, después de la batalla, de 4.482
almas. Más de 3.000 habitantes había perdido la ciudad en aras de un ideal.
Anexos
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Especial Bicentenario La ciudad de las cuatro batallas. Parte II
Especial Bicentenario
La ciudad de las cuatro batallas. Parte II
Miércoles, 12 febrero 2014
Por Editor Redacción - El Clarín
Recogiendo Las Banderas
El 4 de agosto de 1813 escoltado por numerosa tropa, hizo su
entrada triunfal a La Victoria, cuna de su padre, tierra de sus abuelos y de
sus bisabuelos, el joven oficial Simón Bolívar.
Once días antes había cumplido los treinta años y ya traía sobre sus
hombros las charreteras de General y el título con el cual lo conocerían por
los siglos de los siglos: el de Libertador. Llegó a la casa que Don Juan de la
Madriz tenía en la Calle Real, dos cuadras al norte de la Plaza Mayor. Tres
meses le bastaron para venir de la Nueva Granada con un puñado de hombres a
restaurar la República.
Con él, su tío José Félix Ribas, Antonio Ricaurte, Jose
María Ricaurte, Luciano D’elhuyar, José María Ortega, Francisco de Paula Vélez,
Jose María, Manuel y Antonio París, Atanasio Girardot, Fermín Ribón, Pedro
Alcántara, Rafael Urdaneta, Jose Lugo, Juan Jose Pulido y Pedro Briceño Méndez.
Por donde pasan, sus hazañas marcan los sitios que luego
serán altares de la Patria: “Niquitao”, “Los Horcones”, “Taguanes” y mil más.
Ahora están nuevamente en el Valle de Aragua. A las dos de
la tarde, una comisión enviada por el gobernador español Fierro, presenta la
capitulación. Les ofrece estudiar el asunto y responderles ese mismo día. Así
lo hace; en la tarde se acerca a la casa que hospeda a los comisionados; una
vieja casona propiedad de Don Francisco Sosa, en la cual vivirá y morirá muchos
años después, el General Santiago Mariño, Libertador de Oriente. Lo reciben Don
Francisco Iturbe, el Presbítero Marcos Ribas hermano de José Félix, Felipe
Fermín Paúl, Don José Vicente Galguera y el sinuoso Marqués de Casa León.
Negocia la capitulación en términos honrosos para el gobierno derrotado y
garantiza que los reconquistadores no harán con ellos lo mismo que hiciera el
año anterior con los patriotas el perverso Monteverde. Generosidad inútil;
cuando llegue a Caracas, Fierro y su gente habrán huido. Militarmente, la
Campaña Admirable termina con la batalla de “Los Taguanes”; pero es con la
rendición del gobierno en La Victoria donde termina políticamente. Bolívar
recogió en tierra victoriana las banderas que habían caído el año anterior con
la capitulación de Miranda.
Desde nuestra ciudad suscribe varios documentos de
importancia: dos oficios, uno dirigido al Coronel Atanasio Girardot y
otro al Gobernador realista de Caracas. Durmió esa noche en la casa de don Juan
de la Madriz y al siguiente día 5 de agosto dirigió y firmó cuatro oficios,
dirigidos a J. M. Paz del Castillo, al gobernador de Caracas Francisco Antonio
Paúl, al doctor Cristóbal de Mendoza y al Presidente del Supremo Poder
Ejecutivo de la Unión en Bogotá, comunicándole el fin de la Campaña Admirable
en La Victoria.
Todos los oficios que firmó eran importantes, pero es de
mencionar el que va dirigido al doctor Cristóbal Mendoza a quien el 27 de
julio, sin haber tomado aun la capital,
desde Araure, ha nombrado Gobernador del Estado de Caracas. En ese
oficio le dice: “La empresa (…) ha sido coronada del modo más feliz por las
capitulaciones que ayer he concluido (…) en virtud de ellas se me entrega la
capital (…) sin que me vea obligado a verter la sangre de nuestros hermanos. De
este modo ha sido terminada la campaña y la libertad se ha restituido a
Venezuela. Usted debe volar a concurrir
por su parte a la reorganización del Estado. Cuartel General de La Victoria,
agosto 5 de 1813. En el oficio al Presidente del Congreso de la Unión le dice:
“Por fin tengo la satisfacción de participar a V.E. la terminación de la
campaña (…) Tiene V.E. cumplida mi oferta de libertar a mi país…” Cuartel
General de La Victoria 5 de agosto de 1813.
Defendiendo las banderas
Enarbolando las banderas recogidas en La Victoria, entra
Bolívar en su Caracas natal, el siete de
agosto. En su condición de Capitán General de los Ejércitos y Libertador de
Venezuela ejerce el mando supremo. La Segunda República busca asideros legales
en el “Plan de Gobierno Provisorio para Venezuela” que a su solicitud ha
redactado y firmado en su Hacienda “La Concepción” de La Victoria, el ilustre
prócer Francisco Javier Ustáriz. El Libertador y Ribas son elevados al rango de
Mariscales de Campo y éste es el nuevo Gobernador Militar de Caracas y
Comandante de la Provincia de Caracas. El país sigue en pie de guerra; la
resistencia realista es feroz. Al comenzar el año catorce, “el año terrible”,
Venezuela está bañada en sangre. La antipatria está representada por los más
sanguinarios asesinos: Ceballos, Yánez, Morales, Moxo, Zuazola, Antoñanzas,
Rosete, Boves.
Se generaliza la guerra y surge por encima de las de sus
compañeros la figura de José Tomás Boves de la Iglesia, asturiano que acaudilla
a las grandes masas llaneras llegando a reunir veinte mil hombres y más, con
los cuales azota la república.
A comienzos de febrero en el sitio de La Puerta destroza a
Vicente Campoelías y prepara su avance hacia el centro. Bolívar, quien sitiaba
a Puerto Cabello, envía al Teniente Coronel Mariano Montilla a Caracas en busca
del auxilio de Ribas y en Proclama fechada en Valencia el 5 de febrero dice a
los habitantes de la Provincia: “Corred a presentaros en La Victoria…” Solicita
igualmente el auxilio de Urdaneta quien envía sus “Dragones” al mando de Luis
María Ribas Dávila. Por su parte Ribas desde Caracas se desplaza hacia La
Victoria y la toma el jueves 10 de febrero. Ha logrado reunir un ejército de
estudiantes, seminaristas y soldados al cual se suman los jóvenes victorianos.
Es tal la ferocidad de la guerra que con una sola orden de Bolívar, mueren más
hombres que en la batalla que se aproxima. Dos días antes desde Valencia le ha
escrito a su pariente José Leandro Palacios, Comandante de La Guaira: “… ordeno
a U.S. que inmediatamente se pasen por las armas todos los españoles presos en
esas bóvedas y en el hospital, sin excepción alguna”. Ante la mediación del
Obispo le dice: “Uno menos que exista de esos monstruos es uno menos que ha
inmolado e inmolaría centenares de víctimas. (…) pequeños sacrificios ahora evitarán mayores
en lo sucesivo”.
Especial Bicentenario La ciudad de las cuatro batallas. Parte I
Especial Bicentenario
La ciudad de las cuatro batallas. Parte I
Miércoles, 12 febrero 2014
Por Editor Redacción - El Clarín
Fuente Germán Fleitas Nuñez | La histórica ciudad de La
Victoria fue escenario de cuatro grandes batallas. Dos durante la guerra de
independencia; una de ellas al final de la Primera República y la otra, durante
la Segunda. Una tercera a finales del siglo XIX y la cuarta a comienzos del
siglo XX. Todas se ganaron.
La primera, calificada como “la más sangrienta de su época”,
se libró en junio de 1812, entre el ejército patriota al mando del Generalísimo
Francisco de Miranda y las tropas realistas de Domingo Monteverde. Fue la
última acción militar del Precursor de la Independencia y su última victoria.
La Segunda, el 12 de febrero de 1814, entre jóvenes
patriotas mandados por el general José Félix Ribas y realistas comandados por
José Tomás Boves.
La Tercera, en 1879 entre el Gobierno que a la muerte del
General Francisco Linares Alcántara, presidió su hermano Gregorio Valera y el
ejército guzmancista, acaudillado por entre otros, los generales Gregorio
Cedeño, Jesús María Aristeguieta y Joaquín Crespo.
La cuarta y última, la gran batalla que en 1902 presentó el
gobierno presidido por los Generales Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez,
contra la llamada Revolución Libertadora, acaudillada por el banquero y general
Manuel Antonio Matos. Fue la primera derrota militar que sufrió el imperialismo
en la América Latina.
Este trabajo versa sobre la segunda; la del 12 de febrero de
1814 entre Ribas y Boves.
Arriando Las Banderas
El 5 de julio de 1812 tuvo lugar en la Villa de Nuestra
Señora de Guadalupe de La Victoria, entonces capital provisional de Venezuela,
uno de los acontecimientos más dramáticos de nuestra gesta emancipadora; ese
día, Don Francisco de Miranda investido de su doble condición de Dictador y
Generalísimo de los Ejércitos, ofreció un espléndido banquete de cien cubiertos,
para celebrar el primer aniversario de la Declaración de Independencia.
La escena era casi surrealista, porque cinco días antes, en
ese mismo lugar, libraba el General la última batalla militar de su vida y aún
no se había terminado de enterrar los muertos. El oficial venezolano que había
peleado en tres continentes y en las tres guerras más importantes de su época:
la Independencia de los Estados Unidos, la Revolución Francesa y la
Independencia Suramericana, acababa de poner su pié, por última vez, en un
campo de batalla. Esta primera batalla de La Victoria fue la última ganada por
el Generalísimo Francisco de Miranda. Se produjo el sábado 20 de junio de 1812
entre las fuerzas patriotas del Precursor y el ejército realista al mando de
Domingo Monteverde. Al amanecer, el ejército fue atacado por un cuerpo de tres
mil hombres de infantería y caballería y por dos piezas de artillería.
Miranda había llegado a La Victoria el 17 de junio
procedente de Valencia y Maracay en lo que para muchos de sus oficiales y
soldados parecía una retirada de la lucha.
El ataque fue por sorpresa y el enemigo, que entró por tres
puntos diferentes a las ocho de la mañana, logro llegar hasta la Plaza Mayor.
Atacaron tres veces y fueron rechazados durante cuatro horas. Al mediodía
emprendieron una desordenada retirada dejando el campo de batalla sembrado de
cadáveres. Más de trescientos muertos, considerable número de heridos y
prisioneros de guerra. Comenzaban las tropas a perseguir al enemigo cuando el
Generalísimo ordenó replegarse e interrumpir la persecución.
Entre sus tropas perecieron los oficiales franceses Larrente
y Rosset y el Subteniente de Infantería Antonio Mares; fueron heridos los
coroneles Urbina y Palacios, el Barón de Shoremberg y un cadete de apellido
Carcaña.
Al día siguiente las recorridas encontraron los campos
inmediatos cubiertos de cadáveres aun cuando el enemigo “… procuró llevar
consigo todos cuantos pudo”.
Hubo en esta primera batalla más muertos que en la que dos
años después sostendrían Ribas y Boves. Es bueno recordar que los dos militares
más fieros que comandaron las banderas del Rey en esta provincia, ambos,
Monteverde y Boves, en menos de dos años, fueron derrotados en La Victoria.
Miranda parecía un anciano entre sus oficiales; tenía
sesenta y dos años cuando Bolívar no llegaba a los veintinueve. La deserción,
la indisciplina y la sospecha, cundían entre sus soldados y a ello contribuía
la falta de agresividad del sabio general.
Cuando la oficialidad insiste en perseguir al enemigo, él
ordena el repliegue. Comenzaba… “la tragedia del Generalísimo.”
Como en nuestra ciudad, en todas las batallas, siempre se
pelea dos veces y hasta más, a los nueve días (el 29 de junio de 1812)
Monteverde ataca nuevamente reforzado por las tropas que el sanguinario Eusebio
Antoñanzas había traído del llano y por los contingentes llegados de Puerto
Rico. Volvieron los patriotas a ganar, esta vez en la que los historiadores han
llamado “la más sangrienta batalla de la época”.
Entre los vencedores están Juan Pablo Ayala, Ducayla y el
francés Chatillon; la caballería triunfó al mando de Gregorio Mac Gregor.
Miranda desoye nuevamente a quienes recomendaban la ofensiva
y ordena fortificar La Victoria según los planos preparados por el Coronel de
Ingenieros Joaquín Pineda. Veintiocho cañones colocados en los puntos más
importantes, defenderán desde ahora la inexpugnable plaza.
El oro que adorna la vajilla, los blancos manteles y el buen
vino, contribuyen a hacer más irreal el absurdo banquete. Bordeando la mesa del
dictador están Juan Pablo Ayala, Gregorio Mac Gregor, Pedro Gual, Francisco
Espejo, Juan Germán Roscio, José de Sata y Bussi, Francisco Antonio Paul,
Ambrosio Plaza y otros próceres, muchos de quienes habían firmado el año
anterior el Acta que “en el nombre de Dios Todopoderoso” hacia libres a las
provincias que hoy flamean en el azul de nuestro pabellón.
De pronto, un edecán se acerca al Generalísimo y le entrega
un papel. Cambia el rostro; se fruncen el papel y el ceño. Se para de la mesa y
entra en la Secretaría. Don Pedro Gual, quien años después, ya octogenario,
seria Presidente de Venezuela, entra al Despacho y lo encuentra paseándose de
un extremo a otro de la pieza; a Juan Germán Roscio “pegándose fuertes golpes
con los dedos de una mano en la otra”; a Espejo cabizbajo y absorto y a Sata y
Bussi, “parado como una estatua frente al escritorio”. “Me dirigí al General
-escribirá luego- bien… y ¿que hay de nuevo? Nada me contestaba a la segunda
vez cuando a la tercera, hecha después de algún intervalo, sacando el papel del
bolsillo de su chaleco me dijo en francés: Tenez, Venezuela est bleséer au
coeur (Tenga, Venezuela está herida en el corazón)”.
Era el oficio de Simón Bolívar, comunicándole la pérdida del
Castillo de Puerto Cabello. Luego de un largo silencio añadió el General: “Vean
ustedes, señores, lo que son las cosas de este mundo; ahora todo es incierto y
azaroso, ayer no tenia Monteverde ni pólvora, ni plomo, ni fusiles; hoy puede
contar con cuatrocientos quintales de pólvora, plomo en abundancia y tres mil
fusiles. Se me dice que ataque al enemigo y este debe estar ya en posesión de
todo. El oficio es del primero y hoy ya tenemos cinco; -y añadió- veremos que
hacemos mañana.”
Lo que comenzó en cinco de julio, parecía terminar en cinco
de julio.
Reúne a Roscio, Espejo, Paul, Sata y Bussi y al Marqués de
Casa León y acuerdan negociar la capitulación. Con la rendición, caen las
banderas de la Primera República que había nacido el 19 de abril y se había
confirmado el 5 de julio. No la firmara el Generalísimo; no se firmara en La
Victoria. Subalternos la firman en el Pueblo de San Mateo.
“Con vista de los sucesos Miranda parte para La Guaira”. Es
apresado por sus propios compañeros bajo la acusación de traidor y en momento
de intenso dramatismo se acerca a uno de ellos, le entrega el sable y comenta:
“Bochinche, bochinche, esta gente no sabe sino hacer bochinche”.
El médico realista José Domingo Díaz, en su historia de la
Rebelión de Caracas dice que el Marqués de Casaleón convenció a Miranda de la
necesidad de capitular y él (quien para el gran historiador militar general
Héctor Bencomo Barrios, era un agente inglés), le manifestó su deseo de viajar
a Inglaterra pero le manifestó que no tenía recursos suficientes. El marqués le
ordenó al doctor José Domingo traerle a La Victoria treinta mil onzas de oro de
las cuales sólo le llevó diez mil y se las dieron a Miranda, con el compromiso
de entregarle el resto a su paso por Caracas hacia La Guaira. Mientras se
firmaban los documentos y se le entregaba la Patria al derrotado Monteverde, el
generalísimo huyó pero fue alcanzado en el puerto por sus propios oficiales
encabezados por Bolívar, quienes lo acusaron de traidor, lo hicieron preso y lo
entregaron a los realistas. Según don Pedro Beroes, Miranda no se embarcó esa
noche en una goleta inglesa que lo esperaba, esperando las otras veinte mil
onzas.
Viene la caída. “La Fortaleza” de La Guaira, “El Castillo
del Morro” en Puerto Rico y de allí al “Castillo de Las Siete Torres” en el
Arsenal de la Carraca en Cádiz. “Estas cadenas españolas me pesan menos que las
que me pusieron mis compatriotas en La Guaira”, dirá.
En julio de 1816 agrava sin presentir que esos mismos
“bochincheros”, al mando de Bolívar, lograrán conquistar la libertad por la que
él tanto había luchado.
Ahora, al vencedor de la Primera Batalla de La Victoria solo
le esperan: ¡la muerte y… la gloria!
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