Recordando al poeta de la Llanura......

Se crea este Blog, con el trabajo conjunto de los hijos y familiares del Poeta de Camaguán, quien dedicó su vida, aún fuera de su terruño, al estudio e investigación de su historia, tierra y costumbres, en una constante lucha para mantener vivas sus raíces y tradiciones. Germán Fleitas Beroes, plasmó en sus libros y escritos, su voluntad y esperanza de que su obra no quedara en el olvido, pues había mucho de Venezuela en ella. Amó su país y amó el rincón de suelo en el que nació y se esforzó en sembrar la identidad nacional a través de su pluma. Por eso, hoy sus hijos y familiares, juntamos nuestros recuerdos para crear esta página en honor a un venezolano auténtico.

Damos disculpas a nuestros lectores pues nuevamente está presentando fallas el reproductor LISTENGO, lo cual impide escuchar los audios subidos en dicho programa. Trataremos de solventar a la brevedad dicho inconveniente.

viernes, 14 de febrero de 2014

Especial Bicentenario La ciudad de las cuatro batallas. Parte II



Especial Bicentenario
La ciudad de las cuatro batallas. Parte II
Miércoles, 12 febrero 2014
Por Editor Redacción - El Clarín

Recogiendo Las Banderas


El 4 de agosto de 1813 escoltado por numerosa tropa, hizo su entrada triunfal a La Victoria, cuna de su padre, tierra de sus abuelos y de sus bisabuelos, el joven oficial Simón Bolívar.  Once días antes había cumplido los treinta años y ya traía sobre sus hombros las charreteras de General y el título con el cual lo conocerían por los siglos de los siglos: el de Libertador. Llegó a la casa que Don Juan de la Madriz tenía en la Calle Real, dos cuadras al norte de la Plaza Mayor. Tres meses le bastaron para venir de la Nueva Granada con un puñado de hombres a restaurar la República.

Con él, su tío José Félix Ribas, Antonio Ricaurte, Jose María Ricaurte, Luciano D’elhuyar, José María Ortega, Francisco de Paula Vélez, Jose María, Manuel y Antonio París, Atanasio Girardot, Fermín Ribón, Pedro Alcántara, Rafael Urdaneta, Jose Lugo, Juan Jose Pulido y Pedro Briceño Méndez.

Por donde pasan, sus hazañas marcan los sitios que luego serán altares de la Patria: “Niquitao”, “Los Horcones”, “Taguanes” y mil más.

Ahora están nuevamente en el Valle de Aragua. A las dos de la tarde, una comisión enviada por el gobernador español Fierro, presenta la capitulación. Les ofrece estudiar el asunto y responderles ese mismo día. Así lo hace; en la tarde se acerca a la casa que hospeda a los comisionados; una vieja casona propiedad de Don Francisco Sosa, en la cual vivirá y morirá muchos años después, el General Santiago Mariño, Libertador de Oriente. Lo reciben Don Francisco Iturbe, el Presbítero Marcos Ribas hermano de José Félix, Felipe Fermín Paúl, Don José Vicente Galguera y el sinuoso Marqués de Casa León. Negocia la capitulación en términos honrosos para el gobierno derrotado y garantiza que los reconquistadores no harán con ellos lo mismo que hiciera el año anterior con los patriotas el perverso Monteverde. Generosidad inútil; cuando llegue a Caracas, Fierro y su gente habrán huido. Militarmente, la Campaña Admirable termina con la batalla de “Los Taguanes”; pero es con la rendición del gobierno en La Victoria donde termina políticamente. Bolívar recogió en tierra victoriana las banderas que habían caído el año anterior con la capitulación de Miranda.

Desde nuestra ciudad suscribe varios documentos de importancia: dos  oficios,  uno dirigido al Coronel Atanasio Girardot y otro al Gobernador realista de Caracas. Durmió esa noche en la casa de don Juan de la Madriz y al siguiente día 5 de agosto dirigió y firmó cuatro oficios, dirigidos a J. M. Paz del Castillo, al gobernador de Caracas Francisco Antonio Paúl, al doctor Cristóbal de Mendoza y al Presidente del Supremo Poder Ejecutivo de la Unión en Bogotá, comunicándole el fin de la Campaña Admirable en La Victoria.

Todos los oficios que firmó eran importantes, pero es de mencionar el que va dirigido al doctor Cristóbal Mendoza a quien el 27 de julio, sin haber tomado aun la capital,  desde Araure, ha nombrado Gobernador del Estado de Caracas. En ese oficio le dice: “La empresa (…) ha sido coronada del modo más feliz por las capitulaciones que ayer he concluido (…) en virtud de ellas se me entrega la capital (…) sin que me vea obligado a verter la sangre de nuestros hermanos. De este modo ha sido terminada la campaña y la libertad se ha restituido a Venezuela. Usted debe volar  a concurrir por su parte a la reorganización del Estado. Cuartel General de La Victoria, agosto 5 de 1813. En el oficio al Presidente del Congreso de la Unión le dice: “Por fin tengo la satisfacción de participar a V.E. la terminación de la campaña (…) Tiene V.E. cumplida mi oferta de libertar a mi país…” Cuartel General de La Victoria 5 de agosto de 1813.

Defendiendo las banderas

Enarbolando las banderas recogidas en La Victoria, entra Bolívar en su Caracas natal,  el siete de agosto. En su condición de Capitán General de los Ejércitos y Libertador de Venezuela ejerce el mando supremo. La Segunda República busca asideros legales en el “Plan de Gobierno Provisorio para Venezuela” que a su solicitud ha redactado y firmado en su Hacienda “La Concepción” de La Victoria, el ilustre prócer Francisco Javier Ustáriz. El Libertador y Ribas son elevados al rango de Mariscales de Campo y éste es el nuevo Gobernador Militar de Caracas y Comandante de la Provincia de Caracas. El país sigue en pie de guerra; la resistencia realista es feroz. Al comenzar el año catorce, “el año terrible”, Venezuela está bañada en sangre. La antipatria está representada por los más sanguinarios asesinos: Ceballos, Yánez, Morales, Moxo, Zuazola, Antoñanzas, Rosete, Boves.

Se generaliza la guerra y surge por encima de las de sus compañeros la figura de José Tomás Boves de la Iglesia, asturiano que acaudilla a las grandes masas llaneras llegando a reunir veinte mil hombres y más, con los cuales azota la república.
A comienzos de febrero en el sitio de La Puerta destroza a Vicente Campoelías y prepara su avance hacia el centro. Bolívar, quien sitiaba a Puerto Cabello, envía al Teniente Coronel Mariano Montilla a Caracas en busca del auxilio de Ribas y en Proclama fechada en Valencia el 5 de febrero dice a los habitantes de la Provincia: “Corred a presentaros en La Victoria…” Solicita igualmente el auxilio de Urdaneta quien envía sus “Dragones” al mando de Luis María Ribas Dávila. Por su parte Ribas desde Caracas se desplaza hacia La Victoria y la toma el jueves 10 de febrero. Ha logrado reunir un ejército de estudiantes, seminaristas y soldados al cual se suman los jóvenes victorianos. Es tal la ferocidad de la guerra que con una sola orden de Bolívar, mueren más hombres que en la batalla que se aproxima. Dos días antes desde Valencia le ha escrito a su pariente José Leandro Palacios, Comandante de La Guaira: “… ordeno a U.S. que inmediatamente se pasen por las armas todos los españoles presos en esas bóvedas y en el hospital, sin excepción alguna”. Ante la mediación del Obispo le dice: “Uno menos que exista de esos monstruos es uno menos que ha inmolado e inmolaría centenares de víctimas. (…)  pequeños sacrificios ahora evitarán mayores en lo sucesivo”.

Especial Bicentenario La ciudad de las cuatro batallas. Parte I



Especial Bicentenario
La ciudad de las cuatro batallas. Parte I
Miércoles, 12 febrero 2014
Por Editor Redacción - El Clarín

Fuente Germán Fleitas Nuñez | La histórica ciudad de La Victoria fue escenario de cuatro grandes batallas. Dos durante la guerra de independencia; una de ellas al final de la Primera República y la otra, durante la Segunda. Una tercera a finales del siglo XIX y la cuarta a comienzos del siglo XX. Todas se ganaron.


La primera, calificada como “la más sangrienta de su época”, se libró en junio de 1812, entre el ejército patriota al mando del Generalísimo Francisco de Miranda y las tropas realistas de Domingo Monteverde. Fue la última acción militar del Precursor de la Independencia y su última victoria.

La Segunda, el 12 de febrero de 1814, entre jóvenes patriotas mandados por el general José Félix Ribas y realistas comandados por José Tomás Boves.

La Tercera, en 1879 entre el Gobierno que a la muerte del General Francisco Linares Alcántara, presidió su hermano Gregorio Valera y el ejército guzmancista, acaudillado por entre otros, los generales Gregorio Cedeño, Jesús María Aristeguieta y Joaquín Crespo.

La cuarta y última, la gran batalla que en 1902 presentó el gobierno presidido por los Generales Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez, contra la llamada Revolución Libertadora, acaudillada por el banquero y general Manuel Antonio Matos. Fue la primera derrota militar que sufrió el imperialismo en la América Latina.

Este trabajo versa sobre la segunda; la del 12 de febrero de 1814 entre Ribas y Boves.

Arriando Las Banderas


El 5 de julio de 1812 tuvo lugar en la Villa de Nuestra Señora de Guadalupe de La Victoria, entonces capital provisional de Venezuela, uno de los acontecimientos más dramáticos de nuestra gesta emancipadora; ese día, Don Francisco de Miranda investido de su doble condición de Dictador y Generalísimo de los Ejércitos, ofreció un espléndido banquete de cien cubiertos, para celebrar el primer aniversario de la Declaración de Independencia.

La escena era casi surrealista, porque cinco días antes, en ese mismo lugar, libraba el General la última batalla militar de su vida y aún no se había terminado de enterrar los muertos. El oficial venezolano que había peleado en tres continentes y en las tres guerras más importantes de su época: la Independencia de los Estados Unidos, la Revolución Francesa y la Independencia Suramericana, acababa de poner su pié, por última vez, en un campo de batalla. Esta primera batalla de La Victoria fue la última ganada por el Generalísimo Francisco de Miranda. Se produjo el sábado 20 de junio de 1812 entre las fuerzas patriotas del Precursor y el ejército realista al mando de Domingo Monteverde. Al amanecer, el ejército fue atacado por un cuerpo de tres mil hombres de infantería y caballería y por dos piezas de artillería.

Miranda había llegado a La Victoria el 17 de junio procedente de Valencia y Maracay en lo que para muchos de sus oficiales y soldados parecía una retirada de la lucha.

El ataque fue por sorpresa y el enemigo, que entró por tres puntos diferentes a las ocho de la mañana, logro llegar hasta la Plaza Mayor. Atacaron tres veces y fueron rechazados durante cuatro horas. Al mediodía emprendieron una desordenada retirada dejando el campo de batalla sembrado de cadáveres. Más de trescientos muertos, considerable número de heridos y prisioneros de guerra. Comenzaban las tropas a perseguir al enemigo cuando el Generalísimo ordenó replegarse e interrumpir la persecución.

Entre sus tropas perecieron los oficiales franceses Larrente y Rosset y el Subteniente de Infantería Antonio Mares; fueron heridos los coroneles Urbina y Palacios, el Barón de Shoremberg y un cadete de apellido Carcaña.

Al día siguiente las recorridas encontraron los campos inmediatos cubiertos de cadáveres aun cuando el enemigo “… procuró llevar consigo todos cuantos pudo”.

Hubo en esta primera batalla más muertos que en la que dos años después sostendrían Ribas y Boves. Es bueno recordar que los dos militares más fieros que comandaron las banderas del Rey en esta provincia, ambos, Monteverde y Boves, en menos de dos años, fueron derrotados en La Victoria.

Miranda parecía un anciano entre sus oficiales; tenía sesenta y dos años cuando Bolívar no llegaba a los veintinueve. La deserción, la indisciplina y la sospecha, cundían entre sus soldados y a ello contribuía la falta de agresividad del sabio general.

Cuando la oficialidad insiste en perseguir al enemigo, él ordena el repliegue. Comenzaba… “la tragedia del Generalísimo.”

Como en nuestra ciudad, en todas las batallas, siempre se pelea dos veces y hasta más, a los nueve días (el 29 de junio de 1812) Monteverde ataca nuevamente reforzado por las tropas que el sanguinario Eusebio Antoñanzas había traído del llano y por los contingentes llegados de Puerto Rico. Volvieron los patriotas a ganar, esta vez en la que los historiadores han llamado “la más sangrienta batalla de la época”.

Entre los vencedores están Juan Pablo Ayala, Ducayla y el francés Chatillon; la caballería triunfó al mando de Gregorio Mac Gregor.

Miranda desoye nuevamente a quienes recomendaban la ofensiva y ordena fortificar La Victoria según los planos preparados por el Coronel de Ingenieros Joaquín Pineda. Veintiocho cañones colocados en los puntos más importantes, defenderán desde ahora la inexpugnable plaza.

El oro que adorna la vajilla, los blancos manteles y el buen vino, contribuyen a hacer más irreal el absurdo banquete. Bordeando la mesa del dictador están Juan Pablo Ayala, Gregorio Mac Gregor, Pedro Gual, Francisco Espejo, Juan Germán Roscio, José de Sata y Bussi, Francisco Antonio Paul, Ambrosio Plaza y otros próceres, muchos de quienes habían firmado el año anterior el Acta que “en el nombre de Dios Todopoderoso” hacia libres a las provincias que hoy flamean en el azul de nuestro pabellón.

De pronto, un edecán se acerca al Generalísimo y le entrega un papel. Cambia el rostro; se fruncen el papel y el ceño. Se para de la mesa y entra en la Secretaría. Don Pedro Gual, quien años después, ya octogenario, seria Presidente de Venezuela, entra al Despacho y lo encuentra paseándose de un extremo a otro de la pieza; a Juan Germán Roscio “pegándose fuertes golpes con los dedos de una mano en la otra”; a Espejo cabizbajo y absorto y a Sata y Bussi, “parado como una estatua frente al escritorio”. “Me dirigí al General -escribirá luego- bien… y ¿que hay de nuevo? Nada me contestaba a la segunda vez cuando a la tercera, hecha después de algún intervalo, sacando el papel del bolsillo de su chaleco me dijo en francés: Tenez, Venezuela est bleséer au coeur (Tenga, Venezuela está herida en el corazón)”.

Era el oficio de Simón Bolívar, comunicándole la pérdida del Castillo de Puerto Cabello. Luego de un largo silencio añadió el General: “Vean ustedes, señores, lo que son las cosas de este mundo; ahora todo es incierto y azaroso, ayer no tenia Monteverde ni pólvora, ni plomo, ni fusiles; hoy puede contar con cuatrocientos quintales de pólvora, plomo en abundancia y tres mil fusiles. Se me dice que ataque al enemigo y este debe estar ya en posesión de todo. El oficio es del primero y hoy ya tenemos cinco; -y añadió- veremos que hacemos mañana.”

Lo que comenzó en cinco de julio, parecía terminar en cinco de julio.

Reúne a Roscio, Espejo, Paul, Sata y Bussi y al Marqués de Casa León y acuerdan negociar la capitulación. Con la rendición, caen las banderas de la Primera República que había nacido el 19 de abril y se había confirmado el 5 de julio. No la firmara el Generalísimo; no se firmara en La Victoria. Subalternos la firman en el Pueblo de San Mateo.

“Con vista de los sucesos Miranda parte para La Guaira”. Es apresado por sus propios compañeros bajo la acusación de traidor y en momento de intenso dramatismo se acerca a uno de ellos, le entrega el sable y comenta: “Bochinche, bochinche, esta gente no sabe sino hacer bochinche”.

El médico realista José Domingo Díaz, en su historia de la Rebelión de Caracas dice que el Marqués de Casaleón convenció a Miranda de la necesidad de capitular y él (quien para el gran historiador militar general Héctor Bencomo Barrios, era un agente inglés), le manifestó su deseo de viajar a Inglaterra pero le manifestó que no tenía recursos suficientes. El marqués le ordenó al doctor José Domingo traerle a La Victoria treinta mil onzas de oro de las cuales sólo le llevó diez mil y se las dieron a Miranda, con el compromiso de entregarle el resto a su paso por Caracas hacia La Guaira. Mientras se firmaban los documentos y se le entregaba la Patria al derrotado Monteverde, el generalísimo huyó pero fue alcanzado en el puerto por sus propios oficiales encabezados por Bolívar, quienes lo acusaron de traidor, lo hicieron preso y lo entregaron a los realistas. Según don Pedro Beroes, Miranda no se embarcó esa noche en una goleta inglesa que lo esperaba, esperando las otras veinte mil onzas.

Viene la caída. “La Fortaleza” de La Guaira, “El Castillo del Morro” en Puerto Rico y de allí al “Castillo de Las Siete Torres” en el Arsenal de la Carraca en Cádiz. “Estas cadenas españolas me pesan menos que las que me pusieron mis compatriotas en La Guaira”, dirá.

En julio de 1816 agrava sin presentir que esos mismos “bochincheros”, al mando de Bolívar, lograrán conquistar la libertad por la que él tanto había luchado.

Ahora, al vencedor de la Primera Batalla de La Victoria solo le esperan: ¡la muerte y… la gloria!

HOMENAJE A LOS 200 AÑOS DE LA BATALLA DE LA VICTORIA LA VIRGEN VENCEDORA



La Virgen Vencedora
Miércoles, 12 febrero 2014
Por Editor Redacción - El Clarín

Fuente Germán Fleitas Nuñez | El General Ribas pertenecía a un hogar profundamente cristiano. Dos de sus hermanos eran sacerdotes y dos de sus hermanas, monjas. Él mismo a los diez años de edad había solicitado ingreso a la Orden Tercera de San Francisco. Los rigores de la guerra no habían mellado su fe.




Ya en una oportunidad durante la Campaña Admirable, luego de la batalla de “Los Horcones”, se dirigió a Barquisimeto a colocar su espada a los pies de Nuestra Señora de La Paz, en Acción de Gracias por el triunfo obtenido. Según la tradición, durante la Batalla de La Victoria, a las cuatro de la tarde, presintiendo la derrota, entró en la Iglesia, se postró frente a la imagen de la Virgen Inmaculada Concepción y le rogó que salvara la tropa. La oración del valiente guerrero fue interrumpida por el grito de un soldado quien desde el techo del templo le anunciaba que por el camino de San Mateo venia una polvareda. Era el refuerzo que llegaba al mando de Vicente Campoelías, español patriota, cuya sola presencia es clara prueba de que nuestra contienda magna no fue entre venezolanos y españoles sino entre patriotas y realistas.  Dos escuadrones de caballería a las órdenes de Manuel Cedeño y los hermanos Juan y Francisco Padrón y 220 infantes comandados por el Teniente Coronel José María Ortega y por el Capitán Antonio Ricaurte, quien el mes siguiente entraría en la inmortalidad precedido por el estruendo de mil cañones.

Cuando el Cabildo de Caracas acuerde rendirle honores a Ribas dirá:

“La sangre de los ilustres caraqueños derramada en La Victoria y la protección visible de María Santísima de la Concepción fueron los que salvaron la Patria en aquel memorable día; (…) espero de la Municipalidad marque este día para bendecir a la madre de Dios con el título de la Concepción, jurándole una fiesta solemne anual en la Santa Iglesia Metropolitana, a que deben asistir todas las corporaciones y exhortando a las demás ciudades y Villas para que en gratitud ejecuten lo mismo”.

La voluntad del héroe ha sido respetada desde entonces. Apenas a 18 días de la batalla se celebra el primer Te Deum en la Catedral de Caracas. Asisten todos los miembros del gobierno presentes en la capital. El secretario del Cabildo asienta un acta que dice: “Certifico que los ciudadanos Municipales reunidos en la Sala Capitular a Cabildo Ordinario, asistieron en compañía del Ciudadano Gobernador Político del Estado, Presidente Nato de este cuerpo, a la fiesta botiva y solemne función de Te Deum que se celebró este día en la Santa Yglesia Catedral en acción de gracias por el triunfo de las armas de la rrepública en el pueblo de La Victoria contra nuestros enemigos…”

En un Cabildo extraordinario celebrado en Caracas el 22 de marzo, los municipes, corregidores y personas notables entre quienes, los rectores, en premio por los triunfos obtenidos por Ribas en la Sabana de Ocumare,  decidieron ceñirle un sable y una banda tricolor a semejanza del pabellón nacional  con un escudo de la Inmaculada Concepción para que bajo su protección sostuviese la religión católica y la república.

La Virgen fue traída a la ciudad en el Siglo XVIII por una Cofradía que el 8 de diciembre de 1736 fundaron Don Francisco José Rodríguez de Freitas, Don Basilio de Thovar y Don Gonzalo Quintana, en cumplimiento de una dotación que para ello mandó a erigir Doña Paula Loreto de Silva, la hija de Francisco de Loreto.

A finales del siglo pasado fue prestada a la Parroquia de La Candelaria, erigida por los canarios en la Otra Banda del río Calanche a finales del siglo XVIII y desde entonces es venerada en esa iglesia.

Muchos intentos se hicieron para regresar la sagrada imagen a su parroquia pero todos resultaron inútiles; desde entonces recibe la veneración del pueblo de La Otra Banda y  es “prestada”  a la Iglesia Matriz para las solemnidades del 12 de febrero.  Esto ha hecho creer a muchos que fuera  la Iglesia de La Candelaria el escenario del ruego de Ribas, lo cual es inexacto.

En 1954 con motivo del centenario del dogma de la Inmaculada Concepción de la Virgen, el Arzobispo Coadjutor de Caracas, Monseñor Rafael Arias Blanco dicta a su Secretario Feliciano González Ascanio una Carta Pastoral en  cuyo texto anota: “Tráigase de La Victoria, a  LA VIRGEN VENCEDORA…” Es este recordado pastor quien le da su nombre guerrero.

En 1984 el Director de la Academia Militar de Venezuela, General Carlos Julio Peñaloza Zambrano solicita permiso a Su Eminencia el Cardenal José Alí Lebrún Moratinos Arzobispo de Caracas, para designar a nuestra virgen Patrona de la Academia Militar de Venezuela. El 14 de febrero de 1986 en solemne ceremonia celebrada en el Patio de Honor de nuestra Alma Mater Militar La Virgen Vencedora fue entronizada como madre de los futuros oficiales,  quienes pusieron vidas y espadas bajo su protección como lo estuvieron ayer las de quienes defendieron La Victoria.
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Miércoles, 12 febrero 2014
Por Editor Redacción - El Clarín

Fuente Germán Fleitas Nuñez | El General Ribas pertenecía a un hogar profundamente cristiano. Dos de sus hermanos eran sacerdotes y dos de sus hermanas, monjas. Él mismo a los diez años de edad había solicitado ingreso a la Orden Tercera de San Francisco. Los rigores de la guerra no habían mellado su fe.




Ya en una oportunidad durante la Campaña Admirable, luego de la batalla de “Los Horcones”, se dirigió a Barquisimeto a colocar su espada a los pies de Nuestra Señora de La Paz, en Acción de Gracias por el triunfo obtenido. Según la tradición, durante la Batalla de La Victoria, a las cuatro de la tarde, presintiendo la derrota, entró en la Iglesia, se postró frente a la imagen de la Virgen Inmaculada Concepción y le rogó que salvara la tropa. La oración del valiente guerrero fue interrumpida por el grito de un soldado quien desde el techo del templo le anunciaba que por el camino de San Mateo venia una polvareda. Era el refuerzo que llegaba al mando de Vicente Campoelías, español patriota, cuya sola presencia es clara prueba de que nuestra contienda magna no fue entre venezolanos y españoles sino entre patriotas y realistas.  Dos escuadrones de caballería a las órdenes de Manuel Cedeño y los hermanos Juan y Francisco Padrón y 220 infantes comandados por el Teniente Coronel José María Ortega y por el Capitán Antonio Ricaurte, quien el mes siguiente entraría en la inmortalidad precedido por el estruendo de mil cañones.

Cuando el Cabildo de Caracas acuerde rendirle honores a Ribas dirá:

“La sangre de los ilustres caraqueños derramada en La Victoria y la protección visible de María Santísima de la Concepción fueron los que salvaron la Patria en aquel memorable día; (…) espero de la Municipalidad marque este día para bendecir a la madre de Dios con el título de la Concepción, jurándole una fiesta solemne anual en la Santa Iglesia Metropolitana, a que deben asistir todas las corporaciones y exhortando a las demás ciudades y Villas para que en gratitud ejecuten lo mismo”.

La voluntad del héroe ha sido respetada desde entonces. Apenas a 18 días de la batalla se celebra el primer Te Deum en la Catedral de Caracas. Asisten todos los miembros del gobierno presentes en la capital. El secretario del Cabildo asienta un acta que dice: “Certifico que los ciudadanos Municipales reunidos en la Sala Capitular a Cabildo Ordinario, asistieron en compañía del Ciudadano Gobernador Político del Estado, Presidente Nato de este cuerpo, a la fiesta botiva y solemne función de Te Deum que se celebró este día en la Santa Yglesia Catedral en acción de gracias por el triunfo de las armas de la rrepública en el pueblo de La Victoria contra nuestros enemigos…”

En un Cabildo extraordinario celebrado en Caracas el 22 de marzo, los municipes, corregidores y personas notables entre quienes, los rectores, en premio por los triunfos obtenidos por Ribas en la Sabana de Ocumare,  decidieron ceñirle un sable y una banda tricolor a semejanza del pabellón nacional  con un escudo de la Inmaculada Concepción para que bajo su protección sostuviese la religión católica y la república.

La Virgen fue traída a la ciudad en el Siglo XVIII por una Cofradía que el 8 de diciembre de 1736 fundaron Don Francisco José Rodríguez de Freitas, Don Basilio de Thovar y Don Gonzalo Quintana, en cumplimiento de una dotación que para ello mandó a erigir Doña Paula Loreto de Silva, la hija de Francisco de Loreto.

A finales del siglo pasado fue prestada a la Parroquia de La Candelaria, erigida por los canarios en la Otra Banda del río Calanche a finales del siglo XVIII y desde entonces es venerada en esa iglesia.

Muchos intentos se hicieron para regresar la sagrada imagen a su parroquia pero todos resultaron inútiles; desde entonces recibe la veneración del pueblo de La Otra Banda y  es “prestada”  a la Iglesia Matriz para las solemnidades del 12 de febrero.  Esto ha hecho creer a muchos que fuera  la Iglesia de La Candelaria el escenario del ruego de Ribas, lo cual es inexacto.

En 1954 con motivo del centenario del dogma de la Inmaculada Concepción de la Virgen, el Arzobispo Coadjutor de Caracas, Monseñor Rafael Arias Blanco dicta a su Secretario Feliciano González Ascanio una Carta Pastoral en  cuyo texto anota: “Tráigase de La Victoria, a  LA VIRGEN VENCEDORA…” Es este recordado pastor quien le da su nombre guerrero.

En 1984 el Director de la Academia Militar de Venezuela, General Carlos Julio Peñaloza Zambrano solicita permiso a Su Eminencia el Cardenal José Alí Lebrún Moratinos Arzobispo de Caracas, para designar a nuestra virgen Patrona de la Academia Militar de Venezuela. El 14 de febrero de 1986 en solemne ceremonia celebrada en el Patio de Honor de nuestra Alma Mater Militar La Virgen Vencedora fue entronizada como madre de los futuros oficiales,  quienes pusieron vidas y espadas bajo su protección como lo estuvieron ayer las de quienes defendieron La Victoria.

miércoles, 12 de febrero de 2014

Germán Fleitas Orador por el Bicentenario de la BATALLA DE LA VICTORIA.




Lunes, 10 febrero 2014
Por Editor elclarin
Fuente Nota de Prensa/ Foto: Prensa Ribas |
Los concejales del municipio José Félix Ribas tomando en cuenta la participación protagónica y respetando la opinión de la mayoría de los victorianos en la consulta pública denominada “Tu propones al Orador” por los 200 años de la Batalla de La Victoria y Día de la Juventud, se escogió al Doctor German Fleitas Nuñez como orador de orden en la sesión solemne para conmemorar este día.
El presentador es el no menos importante, joven músico victoriano Diego Puente, quien es Licenciado en Música, director de la Escuela de Música Maestro Primo Casale, cantante lírico, productor e integrante del grupo Ankora.
Para este día se tiene previsto entregar el Botón y Pergamino Bicentenario de la Batalla de La Victoria, que otorgará el Concejo Municipal a reconocidos personajes, instituciones, fundaciones y patrimonios vivientes de nuestro municipio en homenaje a la labor que vienen desempeñando o realizaron en pro de nuestro crecimiento como ciudad heroica.
Los concejales coincidieron en hacer de esta fecha un acto histórico y de reconocimiento a todos quienes habitamos en este municipio, con miras a mejorar su calidad de vida con la creación de legislaciones acordes a nuestras necesidades.
Méritos del Orador
Germán Fleitas Núñez fue dirigente estudiantil, primer Presidente del Centro de Estudiantes del “Liceo José Félix Ribas”, abogado en ejercicio, Juez de la República, Historiador, Cronista de la Ciudad, Primer Alcalde del Municipio Ribas, Director de Patrimonio Histórico, Diputado al último Congreso Nacional, Secretario de Estado, Gobernador Encargado del estado Aragua, Presidente de la Asociación Nacional de Cronistas de Venezuela, Profesor Universitario, poeta, músico concertista de “cuatro”, escritor, autor de cuarenta libros, es miembro de la Academia Nacional de la Historia y de la Lengua, ha recibido todas las condecoraciones nacionales e internacionales, entre ellas la Orden del Libertador.
Anexos
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BATALLA DE LA VICTORIA


  Coplita:
Será cierto Tío Simón
el cacho que me han contado:
¿que a Ribas lo conocían
por el gorro colorado...?





Respuesta:
Esa es la pura verdad
y día doce de febrero
estudiantes de Caracas
junto a Ribas combatieron
defendiendo a La Victoria
casa a casa y cuerpo a cuerpo;
mas de quinientos muchachos
en aquel lance murieron;
la iglesia fue salvadora,
allí se fortalecieron;
cuando flaqueaban  los nuestros
de repente aparecieron
los soldados de la patria,
los mismos de Mosquitero, 
para derrotar al fin
a Boves y a sus lanceros.

German Fleitas Beroes.1986.